Baladas de amor cantadas con delicadeza y cierto vuelo épico rellenan el álbum debut de una australiana con biografía destinada al éxito. Criada en la ciudad de Melbourne, Delta Goodrem mostró un interés temprano por la música y la actuación.
Como Kylie Minogue y Natalie Imbruglia antes que ella, la joven se dio a conocer masivamente como parte de la serie televisiva Neighbours, y es probable que su salto al canto sea una decisión igual de acertada que la que resultó ser para sus ex-colegas. Delta es dueña de una voz dulce y de carácter, que se ajusta dócilmente a canciones pop en extremo convencionales, pero radiables y de seguro interés para cierta audiencia femenina que antes se interesó por cantantes como Celine Dion o Christina Aguilera. Sólo a veces la voz de Delta se desmarca y parece buscar mayor riesgo, a veces sobre bases hip-hop, otras en estribillos de mayor fuerza. Entonces, Delta parece una cantante de sello individual (como Tori Amos, digamos), confiada en productores diversos que garantizan que el álbum ofrece estructuras variadas, y que no aburrirá a quienes se sientan cómodos dentro del formato de pop romántico.
Por sobre la infinidad de cantautoras del rubro, Delta Goodrem tiene al menos un par de ventajas comparativas: además de cantante, es pianista; y cuenta en su debut con la asesoría de productores experimentados, entre los cuales destaca el ex-Take That Gary Barlow, quien nunca logró brillar demasiado en su carrera solista, pero que acá aporta al menos un par de canciones dignas de atención, como “Butterfly” y “Longer”.